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lunes, 2 de septiembre de 2013

Misterios y enigmas de la Iglesia Católica (2° PARTE)

En esta segunda entrega te traemos más misterios y enigmas que ponen en tela de juicio el accionar de la Iglesia Católica. Si te perdiste la primera parte accede a Misterios (1° PARTE).

Juicio a un Papa muerto

En el año 897, Esteban VII era el Sumo Pontífice. Este acababa de suceder a Bonifacio VI, que solo estuvo como Papa 15 días. Anteriormente, Formoso, nacido en Ostia y elegido como Papa de la Iglesia Católica el 6 de Octubre del año 891, había ocupado el trono papal. Su papado duró apenas 6 años ya que falleció en 896. Toda su carrera religiosa estuvo plagada de incidentes y se tiene constancia de que, siendo ya cardenal, había sido excomulgado por el Papa Juan VIII, por haber coronado como Rey de Italia a Arnolfo, que posteriormente llegó a ser Emperador de Alemania.

Así las cosas, el Papa Esteban VII hizo exhumar el cadáver del Papa Formoso. Se revistió al putrefacto cadáver de las ropas pontificias y se le sentó en un trono papal. Sobre la calavera se colocó una corona y el Cetro del Santo Oficio fue colocado entre los cadavéricos dedos del difunto pontífice. En la sala del juicio inundaba el ambiente el putrefacto hedor del cadáver. El Papa Esteban interrogó al cadáver y al no recibir respuesta, procedió a condenarlo. Se le cortaron los tres dedos de la mano derecha que son los que utilizan los Papas para bendecir, y después de despojar al cadáver de sus sacros ropajes, este fue arrastrado por una carroza por las calles de Roma. Luego, su mutilado cadáver fue tirado a las aguas del Tíber.

El cuerpo fue encontrado por un ermitaño que reconoció el cadáver y le dio una sepultura cristiana. Años más tarde, una vez desaparecido el papa Esteban VI, se procedió a limpiar la memoria de Formoso, trasladando definitivamente su cuerpo a San Pedro del Vaticano donde descansa desde entonces.

Los cargos de los que se acusaba al Papa Formoso fueron los de "Haber usurpado la Silla de San Pedro". Eran tiempos en los que la Sede de San Pedro estaba en poder de los grandes feudatarios de Italia.

El escándalo de la Guardia Suíza

La Guardia Suíza es un cuerpo militar encargado de la seguridad de la Ciudad del Vaticano que fue fundado por el Papa Julio II en 1505 ante la necesidad de que existiera una guardia oretoriana dispuesta a proteger al Papa. En ese momento, fueron los mercenarios suízos los candidatos más propicios debido a la reputación que se habían ganado en las Guerras de Borgoña. Desde entonces, este cuerpo ha variado enormemente en número y composición e incluso se ha disuelto por completo en algunas ocasiones. Hacía siglos que no estaba en el punto de mira de la opinión pública hasta que en mayo de 1998 asesinaron al jefe de la Guardia Suíza, Alois Estermann, de 44 años, y a su esposa, la noche del mismo día en que Estermann nabía sido ascendido. Acusaron del crimen al cabo Cedric Tornay, quien se había suicidado con la mismo arma de servicio con la que habían matado al matrimonio.

La Santa Sede archivó el caso con la certeza de que Estermann y su esposa habían sido víctimas de un ataque de locura del suboficial Tornay, resentido por el ascenso y la envidia. La versión oficial sobre el asesinato del jefe de la Guardia Suíza era perfecta... pero increíble. Quedaron cabos sueltos y muchos puntos oscuros, tantos, que el escritor italiano Máximo Lacchei escribió un libro afirmando que el motivo del crimen fue que ambos hombres eran amantes, versión que no gustó mucho al Vaticano.


La familia del soldado jamás creyó la versión oficial y siempre ha asegurado que fue asesinado. Sus intentos de presentar un recurso en el año 2002 chocaron con la negativa del Vaticano. Lo cierto es que un día antes del crimen, el cabo Cedric Tornay escribió una carta diciendo que quería "evitar otras injusticias", según publicó el diario La Stampa. "Son ellos los que me obligaron a hacerlo", señaló el cabo suízo en la carta escrita a su madre. La identidad de "ellos" supone un enigma más alrededor del Vaticano y quizás tenga que pasar mucho tiempo para averiguar toda la verdad y nada más que la verdad.

La misteriosa Papisa Juana

Una antigua y misteriosa leyenda medieval nos habla de la época de las penurias y la hambruna en la Polonia del siglo X, tiempos de invasiones y epidemias. Continúa diciendo la leyenda que solo los curas y los niños en aquellos duros tiempos podían subsistir, y que una mujer joven y pobre que no quería prostituirse, se colocó un hábito de un sacerdote muerto por la peste y se dedicó a mendigar como un hombre. Juana se llamaba esta mujer y, como era muy lista, se dio cuenta de que los clérigos que más ganaban eran los que se dedicaban a predicar la palabra de Dios en las plazas y en las iglesias de los pueblos.

Juana, inteligente y astuta, se transformó en un orador magnífico, hasta el punto que acudían gentes en pequeñas peregrinaciones para escuchar su palabra. Sus hábitos la confundían con un monje y ella nunca dijo ser mujer; su fama siguió creciendo y dicen los escritos que al cabo de un tiempo fue nombrada obispo y en la imaginación popular de obispo a cardenal solo hay un paso... y de cardenal a Papa, solo un poco de suerte.

Prosigue contando la leyenda que durante algunos años, ejerció muy bien sus deberes papales pero que una vez, como mujer que era, sucumbió ante la belleza de un paje y a raíz de este hecho quedó embarazada. Estando a punto de dar a luz y habiendo durante todo el tiempo ocultado su condición femenina y su ingravidez, se dirigió con el "Anda Papal" a la Iglesia a celebrar la Fiesta del Corpus Christi. Quiso el destino que en aquel momento diera a luz. Existen varios finales diferentes de esta leyenda. En alguno se afirma que la Papisa Juana fue linchada en el lugar por la multitud, otro apunta que terminó sus días junto con su hijo en un castillo papal confinada de por vida y en otra versión de la leyenda se habla de que murió en la pobreza junto con su hijo.
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